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PASTORAL

Entendemos por pastoral toda la acción que realizamos enviados por la Iglesia, al servicio del Reino de Dios, anunciando el Evangelio y sus exigencias de amor, de reconciliación, de justicia y de solidaridad. En nuestros colegios esta acción la llevamos a cabo como comunidad educativa y va dirigida a todas las personas que la formamos, asumiendo la apasionante aventura de educar evangelizando en los colegios del Sagrado Corazón en el siglo XXI.

La pastoral y el acompañamiento de la fe es uno de los medios desde los que vivimos en la Sociedad del Sagrado Corazón nuestra misión en el mundo. Sabemos y nos sentimos enviados por la Iglesia a comunicar el amor del Corazón de Jesús a todos. “Él es el origen del crecimiento de cada persona y el camino de la reconciliación de todos. Lo creemos y queremos anunciarlo” (Const 10).

Nuestra pastoral es sistémica porque la escuela es un sistema en el que cada elemento está interrelacionado con el resto. En este contexto, la pastoral tiene la función de iluminar, dar sentido y coherencia al conjunto de la organización. La pastoral vela para que en todas las acciones, procesos y decisiones educativas se vivan y se promuevan los valores del Evangelio, de manera que aunque no se hable directamente de Dios, se muestre su presencia en la vida cotidiana. Nuestro modelo de innovación, nuestras opciones de atención a la diversidad, nuestra manera de evaluar, la articulación de los aspectos extracurriculares, nuestros presupuestos, nuestra visión de la calidad, o las normas de convivencia se alimentan de criterios pastorales.

Por otro lado, lo específico de la escuela es lo curricular, por tanto estamos convencidos de nuestra pastoral debe estar presente en los saberes, en las asignaturas, si no, difícilmente podremos hablar de pastoral educativa. De manera que la tarea de fondo de nuestra pastoral es la síntesis fe-cultura-vida; en palabras de Magdalena Sofía: “Solamente

la unión de la Fe y la Cultura culminará nuestra obra. Une estrechamente las dos y comprenderás por completo nuestra vocación” (M.S. Barat, 1833). Es decir, ofrecemos una cultura impregnada de los valores del evangelio, abierta a la dimensión espiritual y religiosa y a la transformación del mundo. Esta síntesis supone un doble proceso: la evangelización de la cultura e inculturación de la fe.

(Extraído del Plan Marco de Pastoral.)